De Picasso a Japón: el mundo del arte de Freddie

Freddie no solo cantaba con pasión: también coleccionaba con ella. Detrás del glamur y de los focos había un hombre con buen ojo, gusto refinado y un amor por la belleza que lo tocaba todo, de la música a la decoración. Su casa, Garden Lodge, no era solo la residencia de una estrella del rock. Era un museo privado, lleno de cuadros, esculturas y tesoros de todo el mundo. De Monet a Picasso, de jarrones japoneses antiguos a serigrafías de Warhol, Freddie se rodeó de arte.

No solo dinero: gusto de verdad

Freddie tenía medios para comprar buen arte. Como bromeó una vez:

«Money may not buy happiness, but it can damn well give it!» (El dinero no comprará la felicidad, pero desde luego que puede darla). Pero, más importante todavía, tenía el instinto para elegirlo bien. No seguía tendencias. Seguía la emoción. En su colección había obras de Monet, Picasso, Dalí y Matisse, como esta.

Parte de la colección de Freddie: Henri Matisse – White Mask on Black Background

En un momento dado se enamoró por completo de un Goya en España. ¿El problema? No podía salir del país. Su solución fue muy suya: llegó a plantearse comprar una casa en España solo para tener allí el cuadro. Incluso miró una casa de Gaudí a las afueras de Barcelona. Entonces su contable le hizo una pregunta simple: ¿de verdad necesitaba el cuadro, sobre todo si eso significaba contratar más personal para la seguridad y el mantenimiento? Con eso bastó para que cambiara de idea. También explica por qué rara vez iba a galerías: si algo le gustaba de verdad, no se conformaba con admirarlo, quería tenerlo.

Artista antes que famoso

Ese instinto no salió de la nada. Mucho antes de Queen, Freddie estudiaba diseño en el Ealing Art College de Londres. Al mismo centro fue Pete Townshend, de The Who. Estudió diseño gráfico e ilustración, y esa formación visual temprana no lo abandonó nunca. Se ve en todo: en las portadas de disco que ayudó a dar forma, en su vestuario de escenario, incluso en la simetría del propio Garden Lodge. Todo hecho con precisión y un punto de juego.

Le encantaba el impresionismo. Ese estilo reflejaba a la perfección el lado más suave y reflexivo de su personalidad.

El arte de la amistad: Freddie y Elton

Freddie y Elton John no eran solo dos iconos: eran amigos íntimos con un amor compartido por la música, la moda y el arte. Les encantaba reírse, mimarse y hacerse regalos pensados.

Un último gesto resumió la hondura de esa amistad, y llegó después de la muerte de Freddie en 1991. Sabiendo que se le acababa el tiempo, Freddie organizó discretamente que un cuadro de David Hockney, uno de los artistas favoritos de Elton, se entregara en casa de Elton el día de Navidad.

La tarjeta decía solo:
«To Sharon, with love from Melina» (Para Sharon, con cariño de Melina).

Eran los álter egos juguetones que Elton John y Freddie se habían puesto el uno al otro, parte de su mundo privado de amistad y de broma.

Elton contó después que el gesto lo hizo llorar y que ayudó a inspirar la creación de la Elton John AIDS Foundation, en memoria de Freddie.

Japón y sus detalles

El amor de Freddie por el arte japonés era profundo. Garden Lodge tenía una sala decorada por completo con elementos japoneses tradicionales: papel pintado, bancos tallados, biombos y cerámica. Pero más que la decoración, lo que admiraba era la filosofía estética: el detalle, la disciplina y la calma interior.

Coleccionaba ukiyo-e (grabados japoneses en madera), cajas lacadas, kimonos y cerámicas delicadas, y no los trataba como curiosidades exóticas, sino como objetos sagrados. Incluso cuando viajaba a Japón no iba de compras a por recuerdos: buscaba serenidad.

La relación de Freddie con el arte no iba solo de gusto. Iba de quién era cuando nadie lo miraba. Encontraba silencio en las pinceladas, orden en la forma y alegría en el color. Y cuando recorras Freddie – The Exhibition, también lo notarás: no solo en la música, sino en los objetos, las texturas y los detalles que lo rodeaban. Que lo reconfortaban. Que lo hacían sentirse en casa.

Crédito fotográfico: Martin Skála

Con World of Freddie te acercas mucho más: no al icono, sino al hombre que hay detrás de todo.

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